Soy un aficionado por las historias del oeste americano, de vaqueros y de indios, tanto por la acción como por las enseñanzas de moral y valores que siempre emanan del personaje indio, pues del blanco solo se escucha y se conoce la farsa, la mentira, el engaño y la traición.
En ninguna librería se pueden conseguir textos de este tipo, pues parece que a nadie le interesa leer y menos escribir sobre estos temas.
Bien, hace unos días que me di una pasada por mi universidad, en una venta improvisada de libros, encontré un ejemplar amarillo de lo viejo, que por su título me llamó la intención: “La conquista del oeste”.
Su titulo y su irresistible precio hicieron que lo comprara de inmediato. Tan solo costó 3.000 pesos, un valor muy económico a pesar que se trata de un libro escrito hace 41 años.
La historia como el libro mismo, por ser tan viejo, de color y olor antiguo, me cautivaron tanto que lo devoré en solo tres días, todo a pesar de que por mi oficio, debo leer una y otra vez cada día el estatuto tributario, el código sustantivo del trabajo, decenas de sentencias de las altar cortes y un sinnúmero de opiniones de la Dian y demás entidades del estado que se creen con el derecho de “legislar”.
Es quizás el mejor libro que he leído en mucho tiempo. Mejor que la vorágine o la maría, libros que en su momento me parecieron inigualables.
Este libro, a la vez que narra unas historias que bien pudieron ser realidad, deja un profundo mensaje de humanismo y de crítica contra las prácticas más condenables y reprochables del ser humano. Es de esos libros que hacen mucho más que entretener. Es un libro que enseña, que hace reflexionar y filosofar sobre muchos aspectos de la vida vigentes o en día quizás con más fuerza y necesidad que nunca.
Pareciera que en la literatura sucede lo mismo que en la música, donde atrás quedaron los tiempos en los que se aportaba y decía algo, cuando la música además de ser música era poesía, mensaje, y hoy en día no es más que música, música sin poesía y sin mensaje, música que si no es acompañada con alcohol o quién sabe qué cosa no tiene sentido. Es eso lo que siento cuando ojeo uno y otro libro en las librerías sin que ninguno me motive a comprarlo.
Espero seguir encontrando libros tan buenos y tan baratos
aunque me toque esperar a que muchos los disfruten antes de que lleguen a mis manos.
