La decisión del gobierno nacional de extraditar a la cúpula paramilitar, a pesar de las razones y justificaciones expuestas por el gobierno, deja una sensación de traición y engaño en parte de la opinión pública.
Las paramilitares nunca han sido enemigos del estado, y al contrario, en muchos casos han actuado conjuntamente, razón por la cual me atrevo a decir que en esta ocasión se ha extraditado a una personas que nunca fueron enemigos del estado, es decir “amigos”.
Si esto les ha sucedido a unas personas que no eran consideradas enemigos del gobierno, ¿que pueden esperar los que son enemigos declarados del gobierno como los grupos guerrilleros?
Naturalmente que esto llevará a incrementar la desconfianza que estos grupos siempre le han tenido al gobierno. En anteriores procesos los desmovilizados fueron asesinados, en este caso extraditados, por lo que será lógico pensar que la suerte de los futuros desmovilizados no luce muy agradable.
Algunos piensan que la decisión de Uribe, fue simplemente para salvar su pellejo, puesto que las investigaciones de la fiscalía y de la corte suprema de justician se acercan cada vez a él, y personalmente creo más lógica esa razón que las expuestas por el gobierno.
Con decisiones así, será muy difícil que haya confianza en un gobierno, y cuando no hay confianza será difícil negociar, por lo que la extradición de estos personajes, resultará desafortunada para el futuro de nuestro país.
Estos señores estarán lamentando haberse desmovilizado, y seguro que si tuvieran una nueva oportunidad no se desmovilizarían.
Se supone que en nuestro país existen los mecanismos judiciales para abordar este tipo de problemas, y la extradición no era ni necesaria ni positiva.
