Un día normal para mí

Un día normal para mí inicia a las 5:30 de la mañana cuando dejo la cama para iniciar mis labores diarias que me ocupan hasta las 10 de la noche cuando regreso de nuevo a la cama.

Lo primero que suelo hacer naturalmente es tomarme un café o tinto. Luego dedico un par de horas a leer los diferentes periódicos en Internet. Consulto algunos colombianos y unos cuantos del exterior. Leo también alrededor de unos 10 Blogs que tratan temas que no son propios de un contador público pero que son indispensables para alguien que se dedica a sobrevivir de Internet.

Una vez termina mi proceso de consulta me dedico a responder email enviados por los usuarios de Gerencie.com a revisar lo que la gente ha dejado en los comentarios y a escribir.

Para escribir es preciso investigar mucho y para ello debo consultar decenas de normas, debiendo visitar constantemente páginas como la Dian, la secretaría del senado, la corte constitucional, la alcaldía de Bogotá y otras tantas páginas que ofrecen información legislativa.

Entre investigar y escribir se me va el día.

Paso muchas horas frente al computador. En ocasiones el trabajo se me vuelve rutinario, monótono, y cuando eso sucede dejo el computador y me dispongo a leer un buen libro o a ver algún programa de la National Geographic u otro que ofrezca información de interés. Definitivamente que no veo novelas ni nada parecido. Los canales nacionales solo los veo a la hora del noticiero. El resto del día no ofrece nada más que anestesia para las neuronas.

Como se ve, un día para mí no es nada interesante ni novedoso, es una rutina que se repite día a día como la de cualquier otra persona que trabaja en una oficina.

Lo único positivo en mi caso, es que cuando no quiera trabajar más, simplemente me voy para otro lado sin tener necesidad de pedirle permiso a ningún jefe. Creo que es lo más valioso de trabajar por cuenta propia.

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